En lo que va de 2026, se estima que entre 250 y 400 árboles o grandes ramas habrían caído en la vía pública de Mendoza. Los fuertes temporales de julio y agosto volvieron a poner en debate la situación del arbolado urbano y la necesidad de reforzar la prevención.
Mendoza volvió a enfrentar en las últimas semanas uno de sus problemas históricos: la caída de árboles y grandes ramas durante los temporales de viento.
Aunque no existe una estadística anual única que permita conocer con exactitud la cantidad de ejemplares caídos, un estimativo basado en reportes oficiales indica que durante 2026 habrían caído entre 250 y 400 árboles o grandes ramas en distintos puntos de la provincia.
La mayor cantidad de incidentes se habría concentrado durante los fuertes temporales registrados entre julio y agosto, especialmente en el Gran Mendoza.
Más de 32 mil árboles no vitales
Uno de los datos que genera mayor preocupación es la existencia de 32.417 árboles catalogados como no vitales o secos en el Gran Mendoza.
Estos ejemplares pueden representar un riesgo durante episodios de viento intenso, especialmente cuando se encuentran debilitados, envejecidos o presentan problemas estructurales.
La caída de un árbol puede provocar daños en vehículos, viviendas y tendidos eléctricos, además de interrumpir calles y poner en riesgo a las personas.
El reclamo: prevenir antes de la emergencia
Después de cada temporal se repite el reclamo de vecinos: más controles, podas preventivas y extracción de ejemplares secos o con riesgo de caída.
El debate apunta a evitar que el trabajo comience únicamente después de la emergencia. La prevención, sostienen los reclamos, debería permitir detectar los árboles con problemas antes de la llegada de un nuevo temporal.
Un desafío histórico para Mendoza
El arbolado público forma parte de la identidad mendocina. Las calles arboladas, las acequias y los espacios verdes son una característica histórica de la provincia.
Sin embargo, el envejecimiento de los ejemplares, la falta de agua, enfermedades y problemas en las raíces pueden convertir esa riqueza ambiental en un riesgo si no existe un mantenimiento adecuado.
El desafío es conservar el histórico arbolado urbano y, al mismo tiempo, garantizar la seguridad de quienes circulan por las ciudades.
El próximo temporal
Cada episodio de viento fuerte deja imágenes similares: calles cortadas, árboles sobre vehículos y cuadrillas trabajando para retirar ramas y ejemplares caídos.
Con miles de árboles considerados no vitales o secos en el Gran Mendoza, la prevención vuelve a ocupar un lugar central.
La pregunta sigue siendo la misma: ¿Mendoza está preparada para anticiparse al próximo temporal o la respuesta volverá a llegar después de que los árboles ya hayan caído?




